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Ramiro, supernumerario del Opus Dei

Encontrar a Dios entre el pedido de chorizos


En la fotografía, una escena de trabajo en el campo de la alimentación.


Del libro de A. Rodríguez Pedrazuela Un mar sin orillas, en el que habla de varios supernumerarios guatemaltecos del Opus Dei

"Ramiro es lo que los estadounidenses llamarían un self-made-man: un hombre que se ha hecho a sí mismo, que ha tenido que bregar duro para salir adelante desde muy joven, cuando se vino desde Zacapa a la capital para ganarse la vida. Ramiro me habla de su familia, de sus hijos, y poco a poco vamos pegando la hebra.

-...En ese tiempo yo tuve que hacer todo tipo de trabajos para pagarme los estudios... Los domingos vendía papalinas, poporopos y aguas en el estadio, y tras muchos esfuerzos conseguí un título de Educación Media. Luego me fui a hacer un interinato en una bodega del ferrocarril, en Escuintla; más tarde me puse a trabajar en la empresa en que estoy actualmente; y fue por medio de esta empresa que vine a Kinal, en 1991, a sacar un curso de Administración.

Desde el principio Kinal me gustó mucho... tanto, que después de este curso hice otro de Planeación y Control de Producción. Entonces fue cuando me invitaron a unas charlas de Desarrollo Personal.

Esas charlas fueron un gran descubrimiento para mí. Yo toda la vida había creído en Dios, pero... pero era una de esas personas, usted ya me entiende, que si me invitaban a tomar una copa, pues me la tomaba; y después de ésa, venía la siguiente... Y eso me causaba muchos problemas, tanto en mi hogar como en mi trabajo...

Con aquellas charlas comprendí que no basta con hacer bien el trabajo; hay que hacerlo para Dios, sin ser egoístas, tratando de ayudar a los demás. Porque tu trato con Dios se debe reflejar en tu trabajo; si tú cambias, tu modo de trabajar tiene que cambiar.

Comencé a llevar una vida cristiana. Y comenzó a interesarme el Opus Dei. Fui preguntando... hasta que un día comprendí que éste era mi camino. Ahora sigo haciendo lo mismo de siempre: llego a la empresa a las seis de la mañana, saco el control de lo que tengo que despachar -embutidos, jamones, salami, mortadela, chorizos- y superviso que esté todo bien hecho, hago los depósitos...; lo mismo de siempre, pero ahora me esfuerzo en que todo el departamento a mi cargo trabaje en armonía, y alegres todos, porque el trabajo debe ser alegría para uno.

He descubierto que se puede poner mucho amor a Dios en algo tan simple como eso: controlar un pedido de chorizos. Sí; se puede hacer eso y hacerlo por Dios, para Dios y por El. Y he visto como Dios me ayuda para estar siempre contento, a pesar de todos los problemas que uno tiene y padece. Porque siempre hay dificultades y motivos para enojarnos y para reñir a los otros, con el peligro de herir a las personas; entonces, la oración te lleva a decir las cosas serenamente, y si es posible, con una sonrisa. Porque no se puede estar cerca de Dios y tener la cara agria...

También cambié en mi relación con la familia. Antes yo sentía el trabajo como una carga y volvía a mi casa estresado, de mal humor, y eso repercutía en mi mujer y en mis hijos. ¡Creía que yo solo lo podía hacer todo! Ahora me voy dando cuenta de que hay Alguien que lo ayuda a uno a hacer las cosas, mediavez uno trate de buscarlo a El.

-Mire... A veces pienso por qué no habré llegado antes a Kinal... Pero se lo comenté a un amigo, y me dijo que no me preocupara: 'ese momento -me dijo- llegó cuando Dios quiso: en el momento justo.

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