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Isidoro Rasines


 

 

He dudado que fotografía incluir en esta semblanza y recuerdo personal de Isidoro Rasines. Al final me he decidido por la que acompaña a estas letras: una fotografía de sus años de madurez, en la Universidad de Navarra, en los que tuve el privilegio de tratarle.

Tengo algunas fotografías más, de diversas épocas de su vida; algunas de su vejez -una vejez llena de brío, plenitud humana y sentido deportivo-, en la que pasé muchas horas disfrutando de su magisterio humano y espiritual.

Durante los últimos años de su vida me contaba muchos recuerdos de su infancia cubana (había nacido en 1927 en Matanzas). Conservó siempre sus raíces caribeñas y un profundo amor a su tierra natal, al igual que el talante abierto y comprensivo de la formación liberal que había recibido en su familia, que contrastaba con los autoritarismos y cerrazones culturales de la sociedad en la que le tocó vivir.

Era un investigador prestigioso y un universitario pleno, que se licenció y doctoró en Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis dirigida por el profesor Enrique Gutiérrez Ríos y desarrolló un ingente trabajo de investigación.

 

Tras su muerte la prensa se hizo eco de su brillante trayectoria profesional como investigador y profesor de Investigación en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Destaca en ese curriculum alrededor de 150 trabajos de investigación en las revistas internacionales más prestigiosas de su campo científico, la participación en 30 proyectos de investigación, la elaboración de 115 fichas de patrones de difracción de rayos X del International Centre for Difraction Data, la dirección de 6 tesis doctorales y la presentación de 134 comunicaciones a congresos en España y el extranjero, etc.

Formó parte de la sección de Universidades del Consejo Nacional de Educación (1964-1967) y fue miembro de la Comisión Española de Cooperación con la UNESCO (1967-1981). La sección de reconocimientos honoríficos es muy extensa: fue socio de las revistas químicas más importantes: American Chemical Society, Chemical Society (Reino Unido), Gessellschaft Deutcher Chemiker, Materials Research Society (EE. UU.), International Conference on Thermal Analysis y "Fellow" de la Royal Society (Reino Unido), etc.

Además, fue académico de la Real Academia de Farmacia, vocal de la Real Sociedad Española de Química en su Junta de Gobierno, en la Comisión de Publicaciones y en los Grupos de Química Inorgánica y Cristalografía y representante del personal científico en la Comisión Económica del CSIC.

Estos son algunos trazos de su faceta como investigador, a la que se unía su faceta como pedagogo. En 1951 puso en marcha Gaztelueta, un colegio de Bilbao, junto con otras personas, materializando el ideal de la formación en la libertad de san Josemaría. En su perfil humano este respeto a la libertad ajena -que se traducía en una profunda delicadeza en el trato con los demás- se unía a un gran don de gentes y un carácter conciliador, profundamente democrático.

Flor de la pasión

 

Recuerdo una anécdota pequeña, pero que me parece expresiva de su personalidad. En los últimos años de su vida, durante los veranos, hizo varias gestiones para encontrar las semillas de una flor -la flor de la Pasión, que le recordaba el patio familiar de su casa cubana en Matanzas- relativamente rara en España, cuya fotografía acompaña estas líneas.

La plantó con ilusión pocos años antes de morirse y la llegó a ver florecida en el jardín de la casa donde residió temporadas durante el verano.

Esa flor resume, a mi entender, el secreto de la sonrisa y de su proverbial delicadeza de Isidoro, y da la clave de su alegría constante y serenidad interior. Se llama "de la Pasión" porque se reconocen en ella desde el color a los instrumentos de la Pasión de Cristo.

Le gustaba explicar cada uno de los símbolos; el color morado de la flor, que indica penitencia; la columna donde azotaron a nuestro Señor, que indica humildad ante las adversidades; la corona de espinas que la rodea, de un morado intenso; los cinco clavos... Realmente la flor es un prodigio de belleza y simbolismo.

 

Al contemplarla me viene a la mente la fecundidad espiritual de este hombre fiel del Opus Dei, nacida de su profunda unión a la Cruz de Cristo, en el que san Josemaría se apoyó para abrir caminos nuevos en el campo universitario y docente, que desarrolló un trabajo fecundo como cristiano, como educador, al frente de la Secretaria General de la Universidad de Navarra y como profesor en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.


 

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