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Comentarios tras el fallecimiento de
Enrique Riera Castellano



Un hombre de quien fiarse

MIRAD, aunque sea en una servilleta de un bar, en un pañuelo de papel, en un cartón, pero que os firmen algo, lo que sea, pero que haya un sostén para vuestra información; y la fuente es sagrada».

No quedaba claro si hablaba el profesor, o el abogado o el compañero porque, cuando Enrique Riera estaba en la redacción, se mimetizaba de tal manera con los periodistas que era el complemento ideal en una tarea, la de informar, que le apasionaba. Le encantaba hablar de información, y del derecho a la información, y del derecho del lector a recibir información, y del derecho del periodista a darla. Pero todo ello bajo el único prisma que Enrique Riera entendía para el trabajo del periodista: La verdad y el rigor.

Cuando llegué a EL NORTE DE CASTILLA hace 21 años, me enseñaron a dejar el 'yo' en la puerta; pero teniendo que escribir de Enrique Riera, es necesario utilizar ese yo para contar un caso que creo que le describe a la perfección como excelente profesional y mejor persona.

Hace unos años, un redactor de Local logró hacerse con una información que afectaba a un cargo público; concretamente, supo que había sido abierta una investigación judicial que afectaba seriamente a dicho cargo. Disponía de todos los detalles y, con las comprobaciones oportunas, el material estaba listo para ser publicado. «¿Qué dice Riera?», me preguntaron en la mesa de redacción. «Tiene el móvil desconectado». Se decidió no publicar nada hasta localizar a Enrique. Ese era el peso que tenía Riera no ya solo en este diario, sino en toda la profesión periodística; la palabra de Enrique Riera era una garantía, en un sentido y en otro, a favor o en contra.

Si Enrique decía «adelante», sabías que la información era impecable desde todo punto de vista posible y su publicaba con la tranquilidad de que se informaba con todas las de la ley -nunca mejor dicho para referirse a este abogado-; pero si decía «cuidado», sabías que o esperabas o metías la pata. Con aquella información sobre la investigación judicial al cargo público recuerdo que fue especialmente duro: «Si no teneis algo firmado por el juez, no teneis nada».

¿Pero si sabíamos detalles de la investigación! «No teneis nada; necesitais algo que haya firmado el juez». Meses después, aquel juez ordenó una diligencia sobre el cargo público que investigaba y fue el momento de publicar todo lo que sabíamos.

Cómo reía, porque hasta en eso era buena gente Enrique. Aquella sonora carcajada que, Dios, era un bálsamo para quien estaba con él. Día a día, a base de consultas y de consejos, porque era un excelente consejero, se fue granjeando un prestigio profesional y personal de una categoría muy elevada. Era fiable. Ahí radicó la gran cualidad de su personalidad: era fiable hasta el extremo.

Quizá, porque buscaba la verdad en todas las facetas de su vida; y aconsejaba que la verdad, en una profesión como la de informar, fuese el único objetivo del periodista; informar sobre la verdad y de verdad. Eso le apasionaba, lo enseñaba con pasión, y lo transmitía de forma apasionante. Fue, sobre todo, un hombre de quien fiarse.

 


EUROPA PRESS

El abogado y profesor de Derecho de la Información Enrique Riera Castellano falleció ayer en Valladolid a los 53 años como consecuencia de un infarto de miocardio que sufrió el pasado sábado, según informaron a Europa Press fuentes oficina de comunicación del Opus Dei.

El funeral tendrá lugar hoy a las 16.00 horas en la iglesia de San Andrés y el cuerpo será enterrado en el cementerio de Las Contiendas de la capital vallisoletana.

Enrique Riera Castellano nació en Barcelona 1954 y se licenció en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, se había especializado en diferentes áreas jurídicas en las Universidades de Massachussets, Montana y en la George Washington University de Estados Unidos. También fue uno de los primeros especialistas en Bioética por la Universidad de Valladolid.

En 1980 se trasladó a Valladolid y desde 1986 a 1998 fue socio del bufete Vidau Riera, dedicándose fundamentalmente al asesoramiento jurídico de entidades mercantiles y financieras. Entre otros cargos, de 1984 a 1994 fue letrado de la Caja de Ahorros de Salamanca y Soria.

A lo largo de su actividad profesional fue interesándose progresivamente por el Derecho de la Información y por las cuestiones de ética profesional. Entre otros cometidos fue abogado del diario El Norte de Castilla y miembro del Comité de Etica del Hospital Clínico Universitario de Valladolid.

Durante muchos años ha impartido la asignatura de Derecho de la Información y Deontología Profesional en la Escuela Superior de Periodismo y Comunicación Social de Valladolid y, como profesor visitante, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Piura (Perú).

El fallecido era miembro numerario del Opus Dei y colaboraba habitualmente en las actividades formativas de la Prelatura en Valladolid. También colaboró desde sus comienzos con iniciativas en el ámbito de la solidaridad, como la puesta en marcha del Banco de Alimentos de Valladolid o la ONG Cooperación Social de Castilla y León, entre otras.


Crónica en El Norte de Castilla

Familiares, compañeros de profesión, alumnos y amigos despidieron ayer al abogado y profesor de Derecho de la Información Enrique Riera Castellano, fallecido el martes en Valladolid, justo el día que cumplía 53 años, como consecuencia de un infarto de miocardio que sufrió el sábado.

Ángel Lasheras, vicario del Opus Dei en Castilla y León y Asturias, del que era miembro numerario el finado, fue el encargado de oficiar la misa funeral en la Iglesia de San Andrés, de quien fue su compañero y amigo y del que destacó su elevado concepto de la amistad y de la lealtad, patente en la cantidad de personas que se congregaron para darle su último adiós, y que abarrotaron el templo. Lasheras hizo una semblanza espiritual de Riera, cuya muerte, dijo, había sorprendido a todos.

Además de los padres, la hermana y demás familiares, entre los congregados, muchos llegados de fuera, se encontraban Valentín López, director del Colegio Mayor Peñafiel; los profesores Íñigo Sanz Rubiales, José María Eiros Bouza, los abogados Carlos Castro, José María Tejerina, Antonio Pérez, Jesús Sebal, Jesús García Blanco, Raimundo Bahamonde, José Vidau y Agustín Valverde; procuradores como José Miguel Ramos y Pía Ortiz; Jesús Gómez, director regional de Bancaja; los doctores José Manuel González y Antonio Casero, de los hospitales Clínico y Río Hortega, respectivamente; y José Rabadán, del equipo médico de la plaza de toros; Saturnino Lorenzo, de la Oficina de Información del Opus Dei; Mariano Posadas, del Banco de Alimentos; el arquitecto Javier López de Uribe; y el director general de Patrimonio, Enrique Sáiz.

También quisieron despedirle Carlos Roldán, José Luis Lloret y Carmen Gutiérrez, director y subdirectores, respectivamente, de EL NORTE DE CASTILLA, periódico del que fue abogado y en el que defendió a periodistas ante los tribunales de Valladolid, Segovia y Burgos, a los que se exigía la revelación de fuentes informativas. Su máxima en estas circunstancias era no revelar la identidad de quien había proporcionado la información.

Los asistentes coincidieron en destacar la capacidad conciliadora del fallecido, su predisposición hacia los demás, independientemente del estatus social, laboral e ideológico, así como su fina ironía con la que 'quitaba hierro' a situaciones conflictivas o desagradables.

Enrique Riera Castellano nació en Barcelona en 1954 y se licenció en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela. Se había especializado en diferentes áreas jurídicas en las Universidades de Massachussets, Montana y en la George Washington University de Estados Unidos. También fue uno de los primeros especialistas en Bioética por la Universidad de Valladolid.

En 1980 se trasladó a Valladolid y desde 1986 a 1998 fue socio del bufete Vidau Riera , dedicándose fundamentalmente al asesoramiento jurídico de entidades mercantiles y financieras. Entre otros cargos, de 1984 a 1994 fue letrado de la Caja de Ahorros de Salamanca y Soria.

Derecho a la Información


A lo largo de su actividad profesional fue interesándose progresivamente por el Derecho de la Información y por las cuestiones de ética profesional. De hecho, fue miembro del Comité de Ética del Hospital Clínico universitario de Valladolid.

Durante muchos años impartió la asignatura de Derecho de la Información y Deontología profesional en la Escuela Superior de Periodismo y Comunicación Social de Valladolid y, como profesor visitante, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Piura (Perú).

El fallecido colaboraba habitualmente en las actividades formativas de la Prelatura en Valladolid. También colaboró desde sus comienzos con iniciativas en el ámbito de la solidaridad, como la puesta en marcha del Banco de Alimentos de Valladolid o la oenegé Cooperación Social de Castilla y León, entre otras.

Tras la misa, el cuerpo de Enrique Riera fue enterrado en el cementerio de Las Contiendas de la capital vallisoletana.


En un blog

 

Señora parca, desconozco el método que utiliza para elegir a sus acompañantes en cada viaje, no se si se lo juega a los chinos, al una dole tele catole, o por el color de la corbata o el pañuelo con el que se ha prendido uno ese día. Creo que solo lo llegaré a saber cuando ese acompañante sea yo, pero entre tanto permitame que me siga preguntando poor ese funesto sorteo o loteria que utiliza.

Y lo hago porque ayer le toco a un amigo. Se llama Enrique Riera. Igual le suena de algo. Era abogado y profesor y algo escribía, incluso salía por la radio, aquí mismo, en este programa. Fíjese usted, señor o señora de la guadaña, lo que son las cosas, hoy mismo él tenía que estar ocupando estos minutos, hoy comenzaban sus colaboraciones esta temporada. Y ya no van a poder ser.

 Siempre le echamos en cara que se lleva a los buenos. Mentira, al final nos vamos todos, lo que pasa es que a algunos los echamos de menos enseguida, y a otros…

Señora Parca, déjeme decirle también otro par de cosas. No se si sirven de algo, pero… Se ha llevado a un buen tipo. A eso que algunos llaman un buen hombre. Aproveche y charle algo con él durante el camino allá donde se lo lleve, y lo verá.

Yo no soy quien más le conoció, ni quien más le trató. Apenas un par de años. De sobra para saber con quien me jugaba los cuartos. De sobra para saber que Enrique era, es, un hombre que piensa, que eso no lo hace cualquiera hoy en día. Integro y consecuente para vivir permanentemente con sus ideas e inteligente para dejar que cada cual viviera con las suyas propias.

Y lo se bien porque no siempre coincidimos en el punto de vista. No se si usted sabe lo que es la ética o los códigos, esto a lo que tantos se apuntan hoy en día sin ganas de pagar la cuenta, pues el señor Riera puede presumir , aunque no era su estilo, de ejercitarlo como se hacen estas cosas, a diario y sin esfuerzo.

 


 

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