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Francisco Riocabo

Jefe de Bomberos de Tarragona




Paco Riocabo.
A su lado, escena reciente del trabajo de los bomberos de Tarragona
durante una explosión de gas.


Solo coincidí con Francisco Riocabo (Grulleros, León, 18.XII.1944 - Tarragona, 18.IX.1994) en una ocasión y de pasada. Tenía gestiones urgentes que hacer. Ahora pienso que aquello fue una especie de metáfora de su vida. En un trabajo como el suyo, no se puede llegar tarde.

Francisco -Paco- Riocabo nació en 1944 en Grulleros, a diez kilómetros de León, donde vivía su abuela materna. A partir de ese momento su biografía se desvinculó por completo de Castilla. Su familia se había establecido en Amposta y él se sintió siempreprofundamente catalán. Estudió el Bachillerato Laboral en el Instituto Laboral de Amposta “Ramón Berenguer IV” y en octubre de 1960 se trasladó a Vilanova y Geltrú para estudiar peritaje industrial.

Más tarde hizo Arquitectura en Barcelona, al tiempo que trabajaba en el Estudio de diseño industrial de André Ricard para pagarse los estudios. En Barcelona conoció el Opus Dei y pidió la admisión el 17 de octubre de 1962.


1962

1962: el año de Love me do, el primer disco de los Beatles. Como es natural, en las fotografías de esa época que he visto Paco aparece con el look universitario del momento: larga melena lacia, barba poblada al estilo de la rive gauche parisina y aquella mirada rebelde-contestataria que se llevaba tanto en las asambleas y barricadas.

Al terminar la carrera consiguió la plaza de Arquitecto Municipal del Ayuntamiento de Tortosa por concurso-oposición. De ese cargo dependían los Bomberos municipales: eso le agradó especialmente. Le gustaba la profesión de bombero por lo que significaba de solidaridad yaventura.

La aventura, el afán de traspasar fronteras, por superar restos desconocidos, y afrontar riesgos había estado siempre presente en su vida. Era un gran excursionista y desde joven le apasionaba la aviación. A los 16 años hizo un curso de Vuelo sin motor en Somosierra, organizado por el Ejército del Aire. Removió Roma con Santiago para hacer el servicio militar lasMilicias Aéreas Universitarias.


Cap de Brigada del Cuerpo de Bomberos de la Generalidad

Eso explica su alegría cuando le nombraron en 1981 Cap de Brigada del Cuerpo de Bomberos de la Generalidad de Cataluña, en Tarragona. Era por fin, la vida que deseaba, el trabajo con el podría servir eficazmente a los demás; el trabajo en el que podría encontrar a Dios; un trabajo lleno de sentido humano y espiritual.


“Paco vivió la vida que deseaba -comentó su hermano Josep Lluís, sacerdote, con motivo de su muerte-. Para algunos la vida es salud, éxito, que se cumplan todos los deseos.


Para un cristiano que vive su fe con todas las consecuencias, la vida no vale la pena si no es para conocer, tratar, servir y amar a Dios; y por Dios a todos los demás.

Por eso nuestras dificultades desaparecen cuando estamos con Él, porque es nuestro Padre. Nada -éxitos, fracasos, salud, enfermedad- es definitivo. El único que da sentido a la vida es el Señor, Dios y Padre nuestro. Así quiso vivir Paco, cara a Dios.


Este es el secreto de su alegría, de su permanente buen humor, de su entusiasmo por la profesión, de su lealtad inquebrantable: una vida cristiana honda, real, vivida diariamente hasta el final, que fue el sentido de toda su existencia”.


 

Parece una paradoja que Paco fuera del Opus Dei, que enseña a santificar lo ordinario, cuando se dedicaba a algo tan extraordinario como los incendios. Pero si se ve desde la perspectiva de un bombero, un incendio es lo cotidiano. Y ahí,en lo cotidiano, luchó por buscar a Dios en la ardiente –nunca mejor dicho- normalidad de la vida de un bombero.

Amaba la aventura, pero no era un temerario. “Los incendios -comentaba- se apagan en el primer momento; lo más rápido y eficaz para lograrlo es el helicóptero. Con 1360 litros de agua llega y lo apaga. Pero si al llegar no tiene donde cargar el agua, ya nos podemos ir a casa”.

Una de sus preocupaciones fundamentales era aumentar de número de balsas. Durante su gestión al frente del Cuerpo de Bomberos llegaron a contar con ochenta balsas, a las que se añadieron otras doscientas de propiedad privada. Las cuidaba con particular atención, inspeccionándolas con frecuencia para ver si se habían producido cambios en los accesos a las balsas que pudieran dificultar futuras operaciones.

Fueron patentes las mejoras humanas y técnicas que introdujo;por ejemplo, logró que cada helicóptero contase un G.P.S, lo que llamaba una “brújula del espacio”. Esa tecnología -que en ese tiempo se consideraba extremadamente avanzada-permitía al piloto conectar con cualquiera de los 32 satélites adscritos a este sistema, y conocer al momento las coordenadas (altura, longitud, latitud) de las balsas de aprovisionamiento más cercanas al aparato.

Sus colegas elogiaban su eficacia y profesionalidad. Luis Raventós, un amigo suyo, lo definíacomo un “hombre maduro en su profesión, que él entendía como parte esencial de su vocación divina. Con una preparación técnica muy sólida y una reconocida competencia.

Se preocupaba más por los hombres que de él dependían que por los daños materiales que había que remediar. No quería que corrieran riesgos innecesarios, cuidaba de que estuvieran debidamente equipados y atendidos: que comieran, que descansaran, que estuvieran bien entrenados. Y sufría por la temeridad de los voluntarios.


Quien no descansaba era él. En cualquier momento del día o de la noche podía recibir una llamada de urgencia, no sólo a causa de los incendios, sino también por cualquier tipo de siniestros. Se le veía levantar al instante, y con naturalidad pasmosa, sin signo alguno de protesta o de cansancio, salir para la calle”.


12 de agosto de 1994

A las nueve de la tarde del 12 de agosto de 1994 se produjo un incendio forestal en Vandellós, en una zona de difícil acceso situada entre la ciudad y la central nuclear. El incendió prosiguió durante toda la noche, mientras 80 bomberos trabajaban en su extinción.

Al día siguiente, 13 de agosto, Paco se desplazó hasta el lugar en un H-4. Le informaron sobre la situación in situ, y decidió situar un destacamento enla cima de un acantilado cercano. Pensaba que desde allí podría combatir el fuego de forma más eficaz. Y comenzó a hacer una serie de vuelos en helicóptero para traer bomberos al lugar del siniestro, con mangueras que iban conectando a unos caminones-tanque situados en una zona más baja, desde la que recibían el agua a presión.

Siguió de cerca toda la operación, acompañando una y otra vez a los bomberos en sus desplazamientos. Al cabo de varios viajes el piloto le dijo que necesitaba reponer combustible y Paco le acompañó junto convarios bomberos hasta la base de Reus, donde cargaron el depósito del aparato con 1630 litros de keroseno. Tras aprovisionarse, regresaron inmediatamente hasta la zona del siniestro. Pero una vez en el aire el aparato comenzó a bambolearse en el aire, y perdió la dirección ante la impotenciadel piloto, que intentó controlarlo en vano. Pocos segundos después el helicóptero se estrelló en el suelo.

Paco quedó tendido en la tierra, mientras que el resto de los ocupantes, con diversas contusiones y heridas, comenzaron a gritar pidiendo auxilio. Acudieron enseguida para ayudarles. Cuando se acercaron a Paco les dijo, con un rictus de dolor en el rostro:

-Tranquilos, tranquilos, ayudad a los demás...

Uno de los accidentados, Carles Font, le preguntó como se encontraba. “Tengo una hemorragia interna”,dijo, apretándole la mano con fuerza, para darle ánimos. Comenzó a respirar fatigosamente.

Por fin les recogióun Bell 205 que estabavertiendo agua en el incendio, y fueron trasladados rápidamente a un hospital de Tarragona. Paco estaba gravemente herido, y consciente de su situación, pidió que llamasen a un sacerdote. Poco después, en el hospital, vio de nuevo a Carles y se esforzó en sonreír:

-Mira, chaval: son gajes del oficio.

Sufría fractura de pelvis, fractura de apófisis transversas, fracturas costales derechas y shock hemorrágico. A punto de entrar en la sala de operaciones, ya entubado, un sacerdote le administró los Sacramentos. Estaba plenamente consciente y con una gran serenidad. “Paco era, ante todo, un hombre de fe -recordaba un amigo suyo- : sólo su fe era más grande y más fuerte que su corazón”.

Nunca más recobró la consciencia. Tras pasar más de un mes en coma, falleció el 18 de septiembre de 1994.

“Fue un helicóptero -escribe su hermana Concepción- el que le llevó al encuentro con la muerte “en su última excursión”, esta vez hacia el Cielo (en mayúscula). Y es que Paco tenía el punto de mira muy alto... Su gran Última Aventura valía realmente la pena”.


Una gran pasión

El ABC de Madrid publicó el 5 de noviembre de 1994 una entrevista con Mons. Javier Echevarría, que comentó, en un determinado momento:

-Déjeme que le siga hablando con el corazón en la mano. Cuando el Señor llama a su presencia a algún fiel de la Prelatura, experimento un dolor muy grande. Durante el verano pasado fallecieron varios fieles, en varios países. Todavía siento el zarpazo del dolor, aún amando la voluntad de Dios. Quisiera referirme a dos españoles.

A Vicente Martínez, secretario de una asociación universitaria fundada en Madrid para facilitar la solidaridad, que falleció en Guatemala, al terminar un programa de promoción rural en una zona pobrísima.

Y a Francesc Riocabo, que murió como consecuencia deun accidente cuando luchaba, como jefe de bomberos de Tarragona, contra los incendios forestales. Los dos vivieron una gran pasión de los miembros del Opus Dei (...): el espíritu de servicio, siempre con alegría y optimismo, cada uno desde el lugar que ocupa en la sociedad.

 

José Miguel Cejas

 

Bibliografía: Paco Riocabo, una vida de servicio. Tarragona, septiembre 1995. Imprenta Virgili-Ferrers


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