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Adolfo Rodríguez Vidal, obispo de Los Ángeles

Los comienzos del Opus Dei en Chile



Comienzos en Chile

Adolfo Rodríguez Vidal nació en Tarragona, España, el 20 de julio de 1920. Estudió Ingeniería naval en la Universidad de Madrid. Pidió la admisión en el Opus Dei como miembro numerario y al cabo de los años fue ordenado sacerdote el 25 de abril de 1948 en Madrid.

Muy pronto fue a comenzar el trabajo apostólico del Opus Dei en Chile, de donde fue Consiliario desde 1950 a 1959. Cuando llegó a la ciudad de Santiago, el propio Cardenal, José María Caro, le invitó a permanecer en su casa hasta que encontrara una sede adecuada para instalar el primer Centro del Opus Dei.

Su primera iniciativa apostólica fue instalar una Residencia de estudiantes, que puso en marcha en 1950. Vivió durante largo tiempo, como único miembro del Opus Dei en Chile, con gran fidelidad al espíritu del Opus Dei. Escribía lleno de alegría, el dia que pudo tener Sagrario en la Residencia:

«¡Tenemos al Señor con nosotros desde esta mañana! (...). La Virgen del Carmen es la Patrona de Chile y de hoy no podía pasar. La pega era que no tenía apenas nada, ni "plata" para comprarlo (...). La solución ha sido la del préstamo (...). A medida que me vayan regalando cosas las iré devolviendo. Yo he comprado hasta ahora el altar -me lo pagó en parte un amigo-, el copón y la medalla de San José».

Tres años después pedirán la admisión los primeros miembros chilenos del Opus Dei: Juan Cox Huneens, Pablo Vial y José Miguel Ibáñez Langlois.

Las primeras mujeres fueron María Tezanos-Pinto, Laura Prado, Elina Gianoli, Elena Wilandt y Carmen McKena...

Junto con los primeros frutos apostólicos conocieron las incomprensiones de los comienzos, que don Adolfo enseñó a llevar a aquellos primeros miembros del Opus Dei con el espíritu del fundador, que escribía a las mujeres del Opus Dei:

«La nuestra es una siembra de paz, de comprensión, de amor. Disculpamos a todo el mundo, comprendemos a todo el mundo, no nos sentimos dolidos por nada aunque, a veces, nos hieran y nos molesten. Todo es accidental; nosotros, en cambio, somos lo permanente: porque estamos haciendo una Obra divina.

Vuestra única preocupación ha de ser ésta: que seáis santas, audaces, valientes. Sin miedo, pase lo que pase. En la vida vuestra todo es para bien. Si Dios lo permite. "Omnia in bonum!" Tranquilas. Con paz, abandonando en el Señor todas las inquietudes, porque no hay más que motivos de alegría»

Desempeñó numerosas tareas pastorales en servicio de la Iglesia en Chile: fue Asesor de la Acción Católica Universitaria entre 1966 y 1988; profesor en la Escuela de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica; Abogado del Tribunal Eclesiástico de Santiago, etc.

Con el paso del tiempo, el trabajo apostólico de los miembros del Opus Dei fue llegando, continuando el impulso inicial de don Adolfo, a los más diversos ámbitos sociales: desde barrios como El Salto, escuelas técnicas como El Nocedal, iniciativas para la promoción de la mujer, colegios, universidades, etc.

El 6 de julio de 1988 Juan Pablo II lo eligió Obispo de Los Ángeles. Fue consagrado en la Catedral de Santiago el 28 de agosto de 1988. Su lema episcopal fue Non veni ministrari sed ministrare ("No he venido a ser servido sino a servir").

Tomó posesión de su diócesis el 4 de septiembre de 1989 y ocupó varios cargos en la Conferencia Episcopal de Chile. Años después cayó enfermo y el 1 de febrero de 1994 el Papa le aceptó la renuncia a la diócesis, por motivos de salud. Desde entonces, estuvo viendo en Santiago, donde falleció el 8 de noviembre de 2003, tras una vida de fecundo y generoso servicio a la Iglesia.


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