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La historia de Sachiko


 

Una mujer japonesa evocaba los momentos más decisivos de su vida para un programa de televisión. Esta es la trascripción de sus palabras.

Comenzó hablando del terrible terremoto que asoló Japón y al final de una entrevista, siguiendo una costumbre genuinamente japonesa, mostró ante las cámaras algunas de las fotografías del álbum familiar, recordando algunos viajes por Europa.


El terremoto

"...El terremoto fue muy de mañana y yo estaba durmiendo todavía. Medesperté: toda la casa horriblemente y la estantería de libros se me vino encima. Me levanté como pude y fui a ver, muy asustada, si mi hijo estaba a salvo. Gracias a Dios, estaba bien. Estaba aturdida: la casa seguía temblando, y no acababa de entender qué sucedía…

Cuando pasó todo algunos me dijeron que habían pensado en alguna ocasión que nos podía ocurrir algo tan horrible como esto, porque nos estábamos olvidando de lo importante, y sólo le dábamos importancia a las cosas materiales… Dios ha permitido esto, me decía, para recordarnos que hay cuestiones más decisivas y vitales… Otros me dicen que olvidarse de lo que pasó y aceptar la realidad, sin lamentarse eternamente por todo lo que perdimos…

Yo saqué fuerza de la oración, de la Santa Misa, para afrontar todo aquello. Dios me dio esa fuerza para seguir adelante, junto con el amor de mi familia y de mis amigos. Y ahora, cada día, en mi oración diaria, le cuento a Dios mis preocupaciones, y rezo. Me gustaría ir a Misa todos los días, pero sólo puedo ir los domingos. Durante la semana procuro hacer muchas comuniones espirituales, como nos enseñó el Padre Escrivá: pienso que en Jesús que está en el Sagrario, y le recibo espiritualmente, en mi corazón.

Tras el terremoto, en aquel periodo tan difícil en el que no tuvimos ni agua, ni luz, ni electricidad, durante bastante tiempo, muchas personas se pusieron a ayudar espontáneamente a los demás: eran personas desconocidas que se ayudaban entre sí con un gran espíritu de convivencia y de solidaridad, que una característica propia de los japoneses. Fue muy hermoso ver la laboriosidad y el sentido de cooperación mutua que nació a raíz de aquello.


 

Dos virtudes muy cristianas... y muy japonesas

 

Yo intenté también -sigue Sachico- echar una mano en la medida que pude, y me traje a casa a unos amigos, los Kato, a los que se les había caído media casa; y después del terremoto, este sentido de solidaridad ya forma parte de mi vida.

Para nosotros, los japoneses, hay dos virtudes, la solidaridad y la laboriosidad, que son muy importantes.


Trabajar mucho, para nosotros, es algo que resulta natural; es algo innato; pensamos que debemos trabajar mucho para hacer felices a los nuestros. Además, en la situación actual de Japón, sino uno no trabaja mucho no puede mantener una familia.

Los extranjeros piensan que los japoneses trabajamos demasiado, pero para nosotros, lo normal trabajar mucho.

Para mí, mi familia, y en concreto mi hijo, ocupa el primer lugar en mi vida, y procuro ir aprovechando los problemas que surgen con motivo de mi trabajo para santificarme, para ofrecerlo todo a Dios. Para ir al Cielo tenemos que hacernos santos, santificando el trabajo que realizamos: esto lo he aprendido de las enseñanzas del Padre Escrivá. Yo conocí el Opus Dei cuando él ya se había ido al Cielo, pero algunas personas del Opus Dei que vivían en un centro del Japón donde me bauticé, me transmitieron su mensaje espiritual.

Me hice católica gracias a mi marido, que ya ha fallecido. Él me fue enseñando la fe de la Iglesia. Mi padre no era católico, pero era una persona muy religiosa y me felicitó por mi conversión.

Tras bautizarme fui descubriendo en aquel centro del Opus Dei un estilo de vida que me gustaba mucho: la gente era muy alegre. Y al ir conociendo el mensaje del Opus Dei, buscar la santidad por medio del trabajo, me fui sintiendo cada vez más identificada con él, hasta que descubrí que Dios me llamaba a servirle en el Opus Dei.

Ahora, como supernumeraria, procuro afrontar todos los problemas de mi vida cara a Dios. Hace poco, en una clase sobre el Evangelio, el sacerdote nos contaba cómo trataba Jesús a sus enemigos, y yo lo he tomado como un ejemplo para mi vida, procurando transmitir ese mensaje de amor y de perdón en el ambiente materialista en que vivimos; aunque ese materialismo no sea exclusivo del Japón: hay muchos países del mundo en los que se observa esa tendencia negativa. Pero lo cierto es que muchos japoneses valoran tanto el bienestar material que no comprenden la virtud de la pobreza, del desprendimiento cristiano.


 

Los católicos japoneses

 
En otros aspectos -continúa Sachico- somos muy distintos de los occidentales: los japoneses, por ejemplo, tendemos a descubrir lo sagrado en todo lo que nos rodea; no tiene nada que ver ese ateísmo que padece Europa. En Japón prácticamente no hay ateos.

Pero tenemos que superar esa obsesión por los bienes materiales; tenemos que comprender que, aunque en ocasiones esos bienes nos parezcan lo más maravilloso del mundo, Dios nos los ha puesto en las manos sólo para un fin y sólo durante un tiempo...

Cuando te mueres no te los puedes llevar al Cielo, y esos bienes no tienen mayor valor delante de Dios. Por eso debemos procurar no apegarnos a las cosas materiales, usándolas como si no fueran nuestras, sin mentalidad de propietarios…

En Japón hay pocos católicos y yo hago lo que puedo para enseñar a mis amigos a tratar a Dios y solucionar sus problemas hablando con Dios, centrando su vida alrededor de la fe. Los católicos japoneses tenemos un problema, que es la falta de iglesias: como hay tan pocas, si un día no puedes ir a Misa a una hora por cualquier razón, te resulta difícil encontrarla a otra hora.

Mire, le voy a enseñar unas fotografías que hice una Pascua cuando fui a Roma como madrina de una mujer a la que bautizó el Papa. Yo era la segunda vez que veía a Juan Pablo II, porque había estado en Japón poco tiempo antes. Me pareció muy amable y acogedor. El fue quien me dio la vela durante la ceremonia…

Éste es mi marido, que fue padrino de este chico japonés que también se bautizó. Tuve la suerte de poder hablar con el Papa, junto con los japoneses recién bautizados.

Esta foto es del 17 de mayo, cuando fui con mi hijo a Roma para la beatificación de Josemaría Escrivá. Me conmovió ver a tantos miles y miles de personas reunidas para el acontecimiento, y estar en aquella Misa, tan hermosamente ordenada a pesar de la multitud de gente que había… Algo impresionante.

Mi hijo estaba en el Colegio y estudiaba tercero.... Fueron muchos amigos míos. La Basílica de San Pedro estaba completamente llena, con muchísima gente por todas partes. Esta foto es de una imagen de la Virgen que hay cerca de la Basílica… y ésta, de unos amigos, con su hija, que estudiaba sexto…Y esta foto es de la iglesia donde los japoneses celebramos la beatificación. Este es mi hijo Soichiro, junto con una niña y un sacerdote…


 

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