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Bernardetta Yoko Sakamoto: el poder de la enfermedad ofrecida a Dios


 

"A comienzos de la década de los años treinta -escribía West- cuando el fundador del Opus Dei empezó a predicar que la gente corriente podía ser contemplativa y aspirar a la perfección espiritual a través de su trabajo ordinario, no a pesar del mismo, a muchos les parecía algo absurdo...

También en Japón esta idea era una novedad. En Oriente siempre se había creído que quien buscaba la perfección espiritual debía retirarse a un monasterio o, al menos, apartarse del bullicio de la vida laboral ordinaria. La idea de que alguien con una familia y unas obligaciones profesionales y sociales pudiera aspirar a la misma meta que un monje era tan extraña para un japonés como para un europeo.

Sin embargo, el fundador del Opus Dei insistía:

"Persuadíos de que no resulta difícil convertir el trabajo en un diálogo de oración. Nada más ofrecérselo y poner manos a la obra, Dios ya escucha, ya alienta. ¡Alcanzamos el estilo de las almas contemplativas, en medio de la labor cotidiana!

Porque nos invade la certeza de que Él nos mira, de paso que nos pide un vencimiento nuevo: ese pequeño sacrificio, esa sonrisa ante la persona inoportuna, ese comenzar por el quehacer menos agradable pero más urgente, ese cuidar los detalles de orden, con perseverancia en el cumplimiento del deber cuando tan fácil sería abandonarlo, ese no dejar para mañana lo que hemos de terminar hoy: ¡todo por darle gusto a El, a Nuestro Padre Dios!"

Poder en el Cielo

Desde los comienzos del trabajo apostólico en Japón, muchos japoneses se han esforzado por encarnar en sus vidas el mensaje de san Josemaría, que lleva a contemplar a Dios en medio de la vida cotidiana y a unirse a su voluntad por medio de la alegría o del dolor.

María, una de las primeras mujeres del Opus Dei, pidió la admisión cuando se encontraba gravemente enferma y se santificó ofreciendo sus sufrimientos por el Opus Dei, por la expansión del mensaje de Cristo por todo el mundo: África, América, Europa, los países de Oriente... . "Aún antes de conocer la Obra -escribió el Fundador tras su fallecimiento- ya aplicaba María por nosotros los terribles sufrimientos de sus enfermedades. La oración y el sufrimiento han sido las ruedas del carro de triunfo de esta hermana nuestra. No la hemos perdido: la hemos ganado. Al conocer su muerte, queremos que la pena natural se trueque pronto en la sobrenatural alegría de saber ciertamente que ya tenemos más poder en el Cielo".

Una mujer japonesa, Bernardetta Yoko Sakamoto, que nació en Osaka en 1924 y a la que tiempo después de haberse entregado a Dios en el Opus Dei le diagnosticaron un cáncer de hígado, siguió los mismos pasos que esa primera mujer del Opus Dei.

A partir de aquel momento, su "trabajo", siguiendo las enseñanzas de san Josemaría, consistió en santificar aquella enfermedad, con afán corredentor, uniéndose a los sufrimientos de Cristo en la Cruz.

Bernardetta fue sometida a varias operaciones quirúrgicas, de las que no se recuperó y tuvo que soportar un tratamiento médico muy doloroso hasta el final de su vida. Mientras tanto, ofrecía todos sus sufrimientos a Dios con mucha paz.

Entregó su alma al Señor el 2-IV-2001.


 

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