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Mercedes Salisachs, novelista. Escrivá "enseña al hombre a vivir en trascendente"


Mercedes Salisachs es una de las novelistas españolas más conocidas. Entre su numerosa producción, que comenzó en 1942 con Los que se quedan, sobresalen títulos tan conocidos como La gangrena, Premio Planeta; Los clamores del silencio, o El último laberinto, novela ganadora del IX Premio Fernando Lara. En la fotografía se recoge el momento de la concesión del premio en 2004. Transcribo algunos párrafos de su artículo "La vida cotidiana en una civilización enferma", publicado en el libro Josemaría Escrivá, Centenario.

El hecho de que una mujer triunfadora como Salisachs hable del sentido cristiano del triunfo y del fracaso, comentando unas frases de Escrivá, reviste particular interés.


"No debemos engañarnos: triunfar aquí en la tierra es una aspiración muy pobre. Casi siempre el triunfo que tanto nos halaga, es la peor de las derrotas, ya que todo lo que poseemos materialmente, tarde o temprano, deberemos perderlo, olvidarlo y dejarlo en la cuneta de lo inservible.

Ante este panorama, ¿qué puede hacer un cristiano? ¿Queda algo que decir? San Mateo en su evangelio alude a unas palabras de Jesucristo: Vosotros sois la luz del mundo: no se puede encubrir una ciudad edificada sobre un monte, ni se enciende la luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre el candelero, a fin de que alumbre a todos los de la casa: brillé así vuestra luz delante de los hombres.

El beato Escrivá recoge el testigo de Jesucristo y, con su mensaje, invita a todos los hombres a encontrar el "quid" divino que encierran todas las realidades materiales y cotidianas.

Enseña al hombre a vivir en trascendente, dinamitando el tiempo y lo mundano que, en sí, es caduco.

Enseña a no desesperanzarse. En una homilía recogida en Conversaciones afirmaba: No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor o no lo encontraremos nunca. Por eso os piedeo decir que necesita nuestra época devolver -a la materia y a las situaciones que parecen más vuelgares- su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo.

Sus palabras, del año 1967 -la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día-, adquieren un nuevo sentido en ese inicio de milenio en el que ha entrado la humanidad".


Tras la canonización de Josemaría Escrivá declaró:

No sólo para mí, para todo el mundo, las enseñanzas de este nuevo santo han sido una bendición de Dios, especialmente para la juventud, que ha sabido encauzarla fabulosamente.

Personalmente, me he leído sus obras y, en alguna ocasión, he publicado algún artículo para ayudar a esclarecer ciertos puntos que realmente la prensa no había sabido plantear como debía.

En mi mesita de noche tengo un libro fijo, Camino, que abro de vez en cuando por cualquier página para empaparme de él. Su obra ha reafirmado todas mis creencias, me ha ayudado moralmente y ha sido estímulo en mi trabajo.


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