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El secreto del Opus Dei


El Opus Dei es, en la actualidad, una de las instituciones más conocidas de la Iglesia Católica. Basta navegar un rato por la red para confirmarlo. De pocas instituciones de la Iglesia se conoce tanto. Y sin embargo, algunos se obstinaron en el pasado en colgarle el sambenito del secreto. (La expresión sambenito, como es sabido, procede del mundo inquisitorial español).

La acusación de secretismo también procede en España y creció un ambiente falto de libertad: el de la dictadura franquista. Explicaré el fenómeno desde mi punto de vista.


Origen histórico de un cliché

  • Historiadores de diversos signos ideológicos han mostrado como en la España de la posguerra, a partir de 1939, a la represión física de los disidentes a la dictadura se unió la violencia y represión mental; se cultivó ampliamente la acusación y la denuncia; y se recurrió con frecuencia a las grandes “conspiraciones” como explicaciones totalizadoras de la realidad.


    En aquellos años oscuros hicieron fortuna algunas teorías que beneficiaban al Régimen, como la conspiración judeomasónica y “las asociaciones secretas que conspiran contra el estado”. La acusación habitual contra el enemio era "obrar en secreto".

  • En ese humus mental e ideológico nació el insulto contra el Opus Dei, llamándolo masonería blanca. En ese tiempo de dogmatismo exacerbado y de triunfo de los totalitarismos políticos, toda realidad que no levantara el brazo (institucional y materialmente hablando) corría el peligro de caer bajo sospecha. Si no era afín, debía tener algún fin secreto.

  • En este contexto se entiende que llegasen a denunciar a Escrivá... nada menos que ante el Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo (¡!). La denuncia quedó en nada, pero es expresiva del clima mental de aquel periodo.

  • La sombra de la denigración es muy alargada, y aunque el Opus Dei fuera y sea una de las realidades más conocidas en España, pervive todavía en el imaginario de algunos españoles de más edad ese cliché, típicamente franquista, como una inercia mental que se debate contra la realidad.

Realidad del Opus Dei, desde el punto de vista informativo:

 

  • El Opus Dei es una Prelatura personal, que forma parte de la estructura jerárquica de la Iglesia. Su status jurídico es sobradamente conocido.



  • Su fundador ha sido canonizado en una ceremonia multitudinaria en san Pedro


  • Todos los años aparecen los datos pertinentes –número de sacerdotes, laicos, etc.- en las publicaciones oficiales de la Santa Sede.


  • Los nombres de los Vicarios del Prelado y de los miembros de los Consejos, junto con numerosas informaciones sobre las actividadesde sus miembros aparecen reflejados con detalle en el boletín oficial Romana.


  • Existen varias oficinas de información en España a las que pueden acudir todas las personas interesadas: su dirección y número de teléfono se encuentran en las guías telefónicas.


  • Hay numerosas páginas webs en la red con información sobre esta realidad; una página oficial –opusdei.org- y numerosas direcciones de correo para preguntar lo que se desee.


  • Las obras corporativas de esta institución son notoriamente conocidas.


  • Existe una amplia bibliografía sobre su fundador –del que existe un Centro de Estudios para investigadores en Navarra- y sobre su realidad en la Iglesia.


  • Muchos de sus miembros han escrito testimonios y memorias personales

 


Respuesta de san Josemaría

 

  • Le preguntaban a san Josemaría en los años sesenta sobre esta cuestión:

 

-Desde luego, es sabido por usted que en algunos sectores de la opinión pública el Opus Dei tiene fama de ser en cierto modo discutido. ¿Podría darme su opinión de por qué esto es así, y especialmente de cómo se responde a la acusación sobre "el secreto de conspiración" y "la secreta conspiración" que a menudo se apunta contra el Opus Dei?

-Me molesta profundamente todo lo que pueda sonar a autoalabanza. Pero ya que plantea usted este tema, no puedo por menos de decirle que me parece que el Opus Dei es una de las organizaciones católicas que cuenta con más amigos en todo el mundo. Millones de personas, también muchos no católicos y no cristianos, la quieren y la ayudan.

Por otra parte, el Opus Dei es una organización espiritual y apostólica. Si se olvida este hecho fundamental —o si uno se niega a creer en la buena fe de los socios del Opus Dei que así lo afirman— resulta imposible entender lo que hacen. Ante la imposibilidad de comprender, se inventan versiones complicadas y secretos que no han existido jamás.

Habla usted de acusación de secreto. Eso es ya historia antigua. Podría decirle, punto por punto, el origen histórico de esa acusación calumniosa. Durante muchos años una poderosa organización, de la que prefiero no hablar —la amamos y la hemos amado siempre—, se dedicó a falsear lo que no conocía. Insistían en considerarnos como religiosos, y se preguntaban: ¿por qué no piensan todos del mismo modo?, ¿por qué no llevan hábito o un distintivo? Y sacaban ilógicamente como consecuencia que constituíamos una sociedad secreta.

Hoy eso ha pasado, y cualquier persona medianamente informada sabe que no hay secreto alguno. Que no llevamos distintivo porque no somos religiosos, sino cristianos corrientes. Que no pensamos de la misma manera, porque admitimos el mayor pluralismo en todo lo temporal y en las cuestiones teológicas opinables. Un mejor conocimiento de la realidad, y una superación de celotipias infundadas, ha llevado a dar por cerrada esa triste y calumniosa situación.


No hay sin embargo que extrañarse de que de vez en cuando alguien renueve los viejos mitos: porque procuramos trabajar por Dios, defendiendo la libertad personal de todos los hombres, siempre tendremos en contra a los sectarios enemigos de esa libertad personal, sean del campo que sean, tanto más agresivos si son personas que no pueden soportar ni la simple idea de religión, o peor si se apoyan en un pensamiento religioso de tipo fanático.



No obstante, son mayoría —por fortuna— las publicaciones que no se contentan con repetir cosas viejas, y falsas; que tienen clara conciencia de que ser imparciales no es difundir algo a mitad de camino entre la realidad y la calumnia, sin esforzarse por reflejar la verdad objetiva. Personalmente pienso que también es noticia decir la verdad, especialmente cuando se trata de informar de la actividad de tantas personas que, perteneciendo al Opus Dei o colaborando con él, se esfuerzan, a pesar de los errores personales —yo los tengo y no me extraño de que también los tengan los demás—, por realizar una tarea de servicio a todos los hombres. Desmontar un falso mito es siempre interesante.


Considero que es un deber grave del periodista documentarse bien, y tener su información al día aunque a veces eso suponga cambiar los juicios hechos con anterioridad. ¿Es tan difícil admitir que algo sea limpio, noble y bueno, sin mezclar absurdas, viejas y desacreditadas falsedades?


Informarse sobre el Opus Dei es bien sencillo. En todos los países trabaja a la luz del día, con el reconocimiento jurídico de las autoridades civiles y eclesiásticas. Son perfectamente conocidos los nombres de sus directores y de sus obras apostólicas. Cualquiera que desee información sobre nuestra Obra, puede obtenerla sin dificultad, poniéndose en contacto con sus directores o acudiendo a alguna de nuestras obras corporativas. Usted mismo puede ser testigo de que nunca ninguno de los dirigentes del Opus Dei, o los que atienden a los periodistas, han dejado de facilitarles su tarea informativa, contestando a sus preguntas o dando la documentación adecuada.


Ni yo, ni ninguno de los miembros del Opus Dei, pretendemos que todo el mundo nos comprenda o que comparta nuestros ideales espirituales. Soy muy amigo de la libertad y de que cada uno siga su camino. Pero es evidente que tenemos el derecho elemental de ser respetados.


En otra entrevista, recogida en Conversaciones, le preguntaron a Escrivá sobre este mismo punto:

 

-Algunas personas han afirmado en ocasiones que el Opus Dei estaba organizado interiormente según las normas de las sociedades secretas. ¿Qué hay que pensar de semejante afirmación? ¿Podría darnos, por otra parte, con este motivo, una idea del mensaje que quería dirigir a los hombres de nuestro tiempo al fundar la Obra en 1928?


-Desde 1928 mi predicación ha sido que la santidad no es cosa para privilegiados, que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra, porque el quicio de la espiritualidad específica del Opus Dei es la santificación del trabajo ordinario. Hay que rechazar el prejuicio de que los fieles corrientes no pueden hacer más que limitarse a ayudar al clero, en apostolados eclesiásticos. Y advertir que, para lograr este fin sobrenatural, los hombres necesitan ser y sentirse personalmente libres, con la libertad que Jesucristo nos ganó.


Para predicar y enseñar a practicar esta doctrina, no he necesitado nunca de ningún secreto. Los socios de la Obra abominan del secreto, porque son fieles corrientes, iguales a los demás: al adscribirse al Opus Dei no cambian de estado. Les repugnaría llevar un cartel en la espalda que diga: "que conste que estoy dedicado al servicio de Dios". Esto no sería laical, ni secular. Pero quienes tratan y conocen a los miembros del Opus Dei saben que forman parte de la Obra, aunque no lo pregonen, porque tampoco lo ocultan.

 


 

Echevarría, en una entrevista en el El País

 

  • Los tópicos perviven en España con una persistencia singular, y el prelado actual del Opus Dei tenía que responder recientemente a una entrevista en El País todavía sobre esta cuestión.

 P. Se ha acusado a la Obra de secretismo y de ejercer su enorme influencia de manera un tanto escondida. ¿Por qué tanta reserva por parte de sus miembros para reconocer que pertenecen a ella?

R. Perdóneme si le digo que no estoy de acuerdo. Los fieles del Opus Dei son bien conocidos como tales por sus familias, sus colegas, sus amigos. No oponen resistencia, sino todo lo contrario, en que se sepa que pertenecen a la prelatura. Si no, ¿cómo podrían hablar de lo que viven, del Opus Dei, del deseo de buscar la santidad en su trabajo profesional?

Tengo la impresión de que la acusación de secretismo es cosa del pasado, fruto de una manipulación de la realidad promovida por grupitos que parecían celosos de su exclusivismo.

Me parece que hay pocas instituciones de las que se sepa tanto como del Opus Dei: se publica un boletín oficial de la prelatura, se encuentra al Opus Dei en las guías de teléfono y en Internet.

(Entrevista al Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, Por Lola Galán. El País, 8 de enero de 2002).

 


Recopilación: José Miguel Cejas

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