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Comunión eclesial y Opus Dei

 


Escrivá, un maestro de comunión eclesial, se preguntaba, durante una homilía, en 1966:

“¿No sentís también vosotros que Dios nos llama, que – a través de todo lo que sucede a nuestro alrededor- nos empuja a proclamar la buena nueva de la venida de Jesús? Pero a veces los cristianos empequeñecemos nuestra vocación, caemos en la superficialidad, perdemos el tiempo en disputas y rencillas. O, lo que es peor aún, no falta quienes se escandalizan falsamente ante el modo empleado por otros para vivir ciertos aspectos de la fe o determinadas devociones y, en lugar de abrir ellos camino esforzándose por vivirlas de la manera que consideran recta, se dedican a destruir y criticar.

Ciertamente pueden surgir, y surgen de hecho, deficiencias en la vida de los cristianos. Pero lo importante no somos nosotros y nuestras miserias: el único que vale es Él, Jesús. Es de Cristo de quien hemos de hablar, y no de nosotros mismos”.

La cuestión es antigua –se planteó ya en la vida del Señor- y sigue viva, porque todos tenemos, por el pecado, tendencia a la desunión. Leo en una publicación actual (2005) dirigida a sacerdotes:

“Por otro lado, al contar en el tejido eclesial prácticamente con todas las realidades, espiritualidades e instituciones que existen hoy en la Iglesia de diferente signo o sensibilidad, nuestra misión de cara a la comunión eclesial puede resultar más difícil pero no por eso menos provechosa para el bien de toda la Iglesia y de nuestra sociedad.

En cada caso, hablar y criticar entre nosotros no de forma positiva a las personas e instituciones de nuestra iglesia particular no sólo nos hace caer en la maledicencia, sino que ellos mismo nos impide vivir afectivamente la comunión y nos esteriliza en ella”.


Los seglares y la parroquia

Durante uno de sus encuentros de catequesis en España, en los años setenta, un párroco preguntó a Escrivá:

—¿Cómo preparar a los seglares que trabajan en movimientos de apostolado alrededor de las parroquias?

—En primer término procura respetar su libertad, porque –si se ven coaccionados— no se sentirán responsables. Serán tu longa manus, y no harás nada. Déjalos que sientan el peso del día y del calor. Que sufran. Que les cueste dinero. Que les cueste tiempo, que vale más que el dinero.

Luego no les digas que tienen obligación de formarse en la asociación A, B, o C; que vayan a la que deseen, de ésas que hay en tu parroquia o alrededor de tu trabajo sacerdotal. Y si no quieren ir, pueden y deben trabajar sin pertenecer a esas asociaciones. Vamos a defender la libertad de los fieles, y también la de lossacerdotes. Vamos a defender nuestra libertad, defendiendo la de los seglares.

¿Quieres que trabajen? pues dales piedad y sentido de responsabilidad. Que te oigan hablar con fervor sacerdotal. Proporcionándoles buena literatura teológica, al alcance de su cabeza y de su formación. Más no te puedo decir, aunque si voy a añadir algo: que sean proselitistas. Si no buscan a otros, no tienen fuego en el corazón: son una brasa que se va apagando. El que no es proselitista, no sirve.


Las monjas de clausura

—Padre, —le preguntó otropárroco en una situación parecida- ayer terminé de dar un curso de retiro a religiosas de clausura…

—¡Estupendo! Dios te bendiga.

—Y me encargaron: dígale al Padre que le queremos muchísimo y que le agradecemos, a él y al Opus Dei, el bien que nos está haciendo, y que diga unas palabritas para nosotras.

—Os agradezco con toda el alma el cariño que tenéis a las religiosas. Es indispensable que estas benditas almas reciban dirección espiritual; si no, no tendrán vida interior.

Ahora, muchos de nuestros hermanos no quieren sentarse en el confesionario. Vosotros, sin prisa, debéis atender a las almas, pero procurando –como he dicho otras veces- que lleven la confesión preparada, de modo que sea contrita, breve, clara, completa, y habiendo hecho ya unos propósitos firmes. Así podréis atender más almas. Pero si veis que hay una que va por caminos de entrega a Dios en un convento, dedicadle más tiempo y preparadla para que pueda seguir esa vocación. Si no, se van a cerrar muchas de esas casas, y sería una lástima, porque son un tesoro maravilloso de la Iglesia. Dios te bendiga, por haber trabajado por las religiosas de clausura.

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