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Hablando de Dios en Israel





Una amiga de Israel que pertenecía a la Obra me habló por primera vez del Opus Dei. Yo no conocía nada de esta institución hasta ese momento, pero sí que intuía alguna cosa en esa amiga, que vino a simbolizar para mí todos los encuentros con la gente del Opus Dei. Tenía una manera de tender la mano a la gente que realmente no conocía, como si fueran las personas más importantes del mundo para élla.

A través de muchas y largas conversaciones sobre Dios y sobre la moralidad fui conociendo más las enseñanzas del Opus Dei. Lo que más me atrajo fue el gran respeto por el ser humano y sus elecciones, así como su valoración de la vida cotidiana. Para mí, esto simbolizaba lo más importante: encontrar a Dios es algo que se puede hacer a lo largo de la vida y no evadiéndote de ella.

El verano pasado estuve un par de meses en España viviendo con una familia cuyos miembros son del Opus Dei y a quienes no conocía en absoluto antes de llegar. En el transcurso de dos meses llegaron a ser para mí algo así como una familia adoptiva. De nuevo me asombró la manera de aceptarme tan plenamente aunque no me conocieran.

Viviendo con ellos, más que cosas teóricas lo que aprendí fue la gran perfección que se puede buscar en la vida cotidiana, tanto profesional como personal. De casada, llegué a comprender cómo, incluso algo tan sencillo como la manera de construir una frase, puede repercutir en una relación. Nunca me había percatado de cuánto esfuerzo y reflexión se necesita para ser realmente paciente, tratar de contener tu enfado, y lo difícil que es ver lo bueno en lugar de lo malo en los demás.

Lo que más agradezco a todos los que han influido de esa manera en mi vida es que el Dios que supongo que siempre supe que existía pero al que nunca supe cómo acercarme, ahora lo veo por todas partes incluso en pensamientos efímeros.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero deI 2002

 


 

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