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Toshico Hiroshima

Cuidando ancianos en Japón




Con mis tres hijos ya mayores, mi trabajo en casa disminuyó, y empecé a pensar a qué trabajo me podría dedicar. Finalmente, me decidí por el cuidado de ancianos, ya que había estado cuidando a mi suegro enfermo varios años. Entonces, en mi ingenuidad se me ocurrió, pensar que para este trabajo bastaría tener buena salud y paciencia.

Después de unos meses, me encargaron del cuidado de cuatro ancianos y fue entonces cuando me di cuenta de la realidad: me encontré con muchas dificultades y tuve que dedicarme al estudio, para poder responder a las muchas enfermedades- físicas y mentales- de estas personas. Comprendí además, que para poder hacerlo bien, hacía falta tener verdadero deseo de servir y que había que poner mucho cariño en todo.

Durante seis años he atendido a un gran número de personas de las cuales he aprendido muchísimo. Algunas, aunque estén atendidas materialmente, sufren de la soledad y agradecen cualquier atención que se los preste, especialmente escucharles. Me doy cuenta de que siempre está a mi lado el Fundador del Opus Dei, ayudándome a realizar este trabajo.

Muchas veces ante un problema que surge de improviso, acudo a su intercesión de un modo espontáneo con una actitud que nace del fondo del corazón. He notado siempre su ayuda eficaz para resolver los distintos asuntos y llegar a todas mis obligaciones.

Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero del 2002

 

 


 

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