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Paco Sánchez Toucedo, marinero de barcos mercantes,

supernumerario del Opus Dei


 





Me llamo Paco Sánchez Toucedo y nací en 1951 en Abanqueiro (Boiro), en A Coruña, donde comencé a trabajar muy joven en barcos de pesca (merluza) al sur de África y después, como marinero en barcos mercantes alemanes.

Luego me dediqué al cultivo del mejillón en las bateas de la Ría de Arousa, y en el campo, donde tengo algunas vides, miel, patatas y lechugas.

Estoy casado, tengo un hijo y soy supernumerario del Opus Dei, donde recibo una formación que compromete mucho con Dios. Conocí la Obra gracias a mi párroco, que es quien me puso la primera inyección espiritual, como yo digo, aunque yo iba a Misa desde chico y conocía la religión, porque se vivía a fondo en casa de mis padres.

 

Ahora, con mi vocación al Opus Dei, intento que el ser cristiano sea algo que me comprometa por entero, a toda mi persona. Antes pensaba mucho menos, estaba como un poco embrutecido;ahora, además de rezar más, pienso más, y reflexiono en lo de aquí y lo de allá... Porque si queremos ser cristianos de verdad tenemos que pensar más en la otra vida.

Desde que formo parte del Opus Dei trabajo como siempre y vivo como siempre, pero la vocación que me anima a ir cambiando día a día, mejorando poco a poco... Ahora, por ejemplo, cuando estoy con mis compañeros en el trabajo, trato de no saltar a la primera, porque yo he sido siempre un hombre de bastante genio.

Y a Dios le pido todos los días que me ayude a ser mejor. Eso es una de las cosas importantes: tener presencia de Dios a menudo. En el trabajo procuro acordarme de Él, para que me ayude a hacerlo cada día mejor. Rezo mucho, pidiéndole que las cosas nos salgan bien, y aceptando las que salen mal y ofreciéndole los trabajos de cada día pues sin la ayuda de Dios nada somos.


También le pido que nos de más fe, porque todos somos bastante incrédulos como Tomás,tomasinos lo llamo yo. Si tuviéramos una fe firme, como decía Jesucristo, no deberíamos dudar: ¡moveríamos montañas!

 

Recuerdo que un día, navegando en Finisterre, el mar estaba bravo y cuando trataba de alcanzar un cesto que estaba en al agua, me caí en un remolino, y de la peor forma en que se puede caer al mar: con ropa de agua y botas altas.

Entonces recé: “¡Virgen Santísima, ayúdame!” pidiendo que no me viniese una segunda ola, porque el mar estaba rompiendo fuerte sobre las rocas y yo veía que si venía una segunda ola me mataba.

Seguí rezando y comencé a nadar hacia tierra, como pude, con las botas altas llenas de agua; y venga a nadar y a nadar… Y no vino la segunda ola; cuando llegué a tierra firme el mar estaba en calma; me agarré a las piedras y vi a mis compañeros asustados, gritándome desde la otra punta.

Trepé rocas arriba y seguí trabajando. Y de ahí como a las dos horas me comenzó a temblar todo el cuerpo de sólo pensar en lo que me había sucedido. Me salvó la Virgen. Cuando años antes había contemplado elmar en ese sitio, pensé: “el que se caiga ahí, no lo cuenta”.

Yo a mis amigos les digo que tenemos que rezar y pedirle a Dios por este mundo, donde se peca todos los días contra los diez mandamientos, que si hubiera doce, se pecaría contra los doce.

Cada uno tenemos que mejorar este mundo en lo que podamos, ayudando a tanta gente que no tiene fe porque nadie les habla de Dios, como decía san Josemaría, que fue un santo muy bueno y un hombre muy alegre y muy jovial, por lo que yo he visto en las filmaciones que le han hecho.


 

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