Palabras de San Josemaría a Pablo VI
El 21 de noviembre de 1965 san Josemaría le explicó al Papa Pablo VI durante una visita al Centro Elis de Roma, que guarda algunas similitudes con Xabec, el empeño del Opus Dei por proporcionar una sólida formación humana, profesional y espiritual a los trabajadores.
"El Opus Dei ha recibido con particular agradecimiento -dijo, refiriéndose al Elis- este gustoso encargo de formar profesional, humana y cristianamente a la juventud obrera.
No sólo porque, como acostumbro a repetir, el Opus Dei quiere servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida, sino también porque la tarea que se le confía corresponde perfectamente a las características espirituales y apostólicas de nuestra Obra. Porque el Opus Dei, tanto en la formación de sus miembros como en la práctica de sus apostolados, tiene como fundamento la santificación del trabajo profesional de cada uno.
En estas aulas, Padre Santo, la juventud obrera que vive en el Centro y que acude a las clases y aprende un oficio noble y útil, se forma cristianamente en la convicción de que el hombre ha sido creado por Dios ut operaretur.
Esta juventud, Padre Santo, aprende que el trabajo santificado y santificador es parte esencial de la vocación del cristiano responsable, que es consciente de su dignidad, y sabe además que tiene el deber de santificarse y de difundir el Reino de Dios precisamente en ese trabajo y mediante ese trabajo que contribuye a la edificación de la ciudad terrena.
En este ambiente sereno y alegre, similar al de todas las actividades que el Opus Dei desarrolla por gracia de Dios, en todo el mundo, procuramos, Beatísimo Padre, que se respire un clima de libertad, en el que todos se sientan hermanos, bien lejos de la amargura que proviene de la soledad o de la indiferencia.
Un clima en el que aprenden a apreciar y a vivir la mutua comprensión, la alegría de una convivencia leal entre los hombres. Amamos y respetamos la libertad, y creemos en su valor educativo y pedagógico.
Estamos convencidos de que en un clima así se forman almas con libertad interior, y se forjan hombres capaces de vivir responsablemente la doctrina de Cristo, de poner en práctica virilmente la fe, de practicar con alegría la obediencia interior y devota a las enseñanzas de la Iglesia —entre las que ocupan lugar destacado las de su doctrina social— capaces de amar con todo su corazón y con todas sus fuerzas a la Iglesia de Dios y al Romano Pontífice.
Padre Santo, al mismo tiempo que en nombre de estos hijos vuestros os agradezco vuestra presencia en este Centro y las enseñanzas que habéis querido dar, os pido, como prenda de ayuda divina y de fecundo apostolado, la Bendición Apostólica, motivo de consuelo y estímulo para mí y para todos.