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Ricardo Vargas: perdonar y rezar por los secuestradores de mi hija


 

La Escuela "Guatanfur" -promovida por Ricardo Vargas y otras personas del Opus Dei, con la ayuda de amigos y cooperadores- es un centro educativo para campesinos del Valle De Tenza, en Machetó (Colombia). Cuenta con un Bachillerato rural para campesinos jóvenes; una Escuela de Formación para campesinos adultos y un Instituto Tecnológico que promueve iniciativas de desarrollo en la zona. Se sostiene mediante la ayuda de instituciones y donantes de carácter privado. Se inauguró en enero de 2002, tras la canonización de san Josemaría, con una Misa celebrada por el Presidente del CELAM (Conferencia episcopal de América Latina), Mons. Jorge Enrique Jiménez.


Durante la estancia en Colombia del Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, se celebraron algunos encuentros de catequesis con colombianos de todo tipo. En uno de esos encuentros, uno de los promotores de Guantafur, Ricardo Vargas, le preguntó en público cómo debía actuar en los difíciles momentos que estaba atravesando: una de sus hijas, madre de familia numerosa, llevaba varios meses secuestrada.

Tiempo después, Vargas recordaba la contestación que le dio el Prelado en el transcurso de un reportaje televisivo que recogía algunos de los momentos más significativos de la estancia de Echevarría en Colombia.

"Dos días antes de aquel encuentro -recordaba Vargas- le hablamos al Padre, al Prelado, de nuestra situación: una de nuestras hijas, María Luisa, llevaba secuestraba diez meses y medio. Es madre de cinco hijos: cuatro muchachitos desde catorce hasta siete años y una niñita de cuatro años. Los niños se preguntaban: “si llevamos tanto tiempo rezando para que la liberen, ¿por qué el Señor no nos hace el milagro?; y yo veía que mis hijos y mis nietos comenzaban a flaquear en su fe.

Hoy día en este país muchas familias están sufriendo esta misma situación. Han secuestrado a una persona de su familia, acuden a Nuestro Señor y no ven el resultado... Eso me movió a hacer esa pregunta en el encuentro que se celebró dos días después.

La respuesta del Padre fue para nuestra familia como una voz de aliento maravillosa: debíamos insistir, nos dijo, debíamos sacarle ese milagro a Nuestro Señor a punta de oración; no podíamos cejar en esto, debíamos orar, orar, rezar y pedirle al Señor, pedirle insistentemente...

También le pregunté sobre el perdón, porque cuando suceden esas cosas, ¡es tan difícil perdonar! No se entiende que debemos rezar por esos señores, por esa gente tan equivocada y hacer penitencia. El Padre nos animó a rezar, a rezar mucho por ellos.

También le comenté de la Escuela Familiar de Guatanfur que hoy día tiene 110 alumnos. La comenzamos cuatro personas con muy pocos medios económicos y con sólo doce niños, pero con mucha ilusión y con el afán de que los niños campesinos no se vinieran a la ciudad, donde corrían el riesgo de perderse.

Realmente es una escuela maravillosa, donde se da a los alumnos una formación cristiana y una educación que los capacita para trabajar. La iniciamos pensando en el mensaje del fundador del Opus Dei, que hablaba tanto de la necesidad de crear escuelas familiares para campesinos y de la obligación que tenemos de capacitar a la gente menos favorecida".


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