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Soy esposa de Jesucristo
y espero que este amor llene mi vida

Texto de Cristina Serrato, en Yodona

Cuando el eco de los rezos cesa en el patio del convento de las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús de Galapagar (Madrid) la hermana alegría de María abre la puerta de la sala de espera y con el sigilo de una gacela se acomoda en el sillón. Es joven. Muy joven. Pero tras sus inmensos ojos azules, se adivina esa plácida quietud de quien se siente en paz.

La vocación llegó a su vida de una manera totalmente inesperada. Se educó en un colegio de monjas y nunca imaginó convertirse en una de ellas. "Tenía planes, como cualquier chica de mi edad. Quería estudiar ciencias medioambientales, casarme y tener hijos. Pero un día, tras unos ejercicios espirituales, sentí que Dios me pedía que lo dejara todo y le siguiera. No se puede explicar. Es algo interno".

Y así, unos meses más tarde, con 17 años, ingresó en el noviciado con el beneplácito de su familia y la sorpresa de sus amigos. No es causal que al volver a bautizarse, escogiese el nombre de alegría. "Me costó un tiempo acostumbrarme a mi nueva identidad y al hecho de utilizar el usted para hablar con el resto de las hermanas".

Hace dos años tomó los votos en una ceremonia íntima y sencilla. Por primera vez se pertrechó con el hábito y el velo color crema de su institución. "Fue muy emocionante. ¡No podía creer que por fin hubiera llegado ese momento!"

Su jornada comienza a las siete de la mañana. "Pasamos parte del día rezando, pero también realizamos las tareas de la casa y algunas, como es mi caso, impartimos clases de filosofía, teología y de nuestra propia historia a las novicias".

Las hermanas reparten su tiempo de ocio entre la lectura de libros espirituales, los paseos por el jardín y el voleibol: "Bueno, algo parecido, porque somos 20 contra 20, ¡o más! Y sí, jugamos con el hábito...".

Sin perder el gesto amable, confiesa que el camino no siempre es fácil. "Vivimos aquí más de cien mujeres, y aunque la edad media es de 33 años, cada cual tiene su forma de ser y la convivencia a veces es dura. Hay días de sol y días de tormenta. Cuando estoy mal, voy a la capilla, ofrezco mi sufrimiento y Él me ayuda".

Risueña y asombrosamente madura, explica su rol como mujer: "Soy esposa de Jesucristo y espero que este amor llene mi vida, como sucede en cualquier pareja. Además, estoy llamada a una maternidad espiritual: he de ser madre de todos los que me rodean y quererlos lo mejor que pueda. Es una misión complicada, pero maravillosa".

De su vida anterior, recuerda instantes especiales con su familia: salidas al cine o a la playa. Sin embargo, dice que no lo echa de menos. "La vida que llevo es la que me hace feliz. Puedo ir a visitarlos cada tres años y ellos a mí una vez al mes".

Se ilumina al hablar del futuro: "Voy a estudiar biología a distancia. Aunque loq ue realmente quiero es llear a consagrarme a Dios y pertenecer a Él en una eternidad feliz. ¡Si soy fiel, claro...!


La hermana Alegría de María (nacida María del Rosario Sánchez) tiene 23 años y hace seis que decidió convertirse en religiosa. De Jerez de la Frontera, poco queda de Andalucía en su habla y mucho en su angelical risa. Vive su día a día con devoción, aunque sabe que el suyo no es un camino fácil.