---Cómo enseñar a los hijos el recto uso de Internet?


Entrevista con Ángel Rodríguez Luño

Sacerdote. Doctor en Ciencias de la Educación y en Filosofía. Profesor ordinario de Teología Moral Fundamental. Miembro de la Pontificia Academia para la Vida y Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.



- Hay un gran número de padres de familia que se encuentran perplejos ante el llamado fenómeno Internet. Las informacionesque les llegan les desconciertan, especialmente a los menos familiarizados con la red.

Tienen noticia de los contenidos nocivos que circulan y de los delitos graves que se cometen, como el terrorismo, la pederastia y los fraudes con tarjetas de crédito...


Y por otra parte les hablan de las grandes posibilidades de Internet para la difusión de valores positivos. Ignoran con frecuencia los criterios morales válidos para enjuiciar este novedoso fenómeno...

- Ciertamente, es un fenómeno novedoso. Sin embargo la Iglesia ha dado ya algunas pautas morales. Por ejemplo, el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales publicó en el 2002, cuando la red no había alcanzado aún el desarrollo actual, un interesante documento, titulado Ética en Internet.

- Muchos padres se preguntan: ¿qué actitud debemos adoptar ante un medio de comunicación que pone al alcance de nuestros hijos tantos contenidos violentos, racistas, terroristas y pornográficos, con diverso grado de dureza?

Los peligros son evidentes para todos, pero especialmente para los padres que tienen en la misma casa a hijos pequeños, adolescentes y adultos que pueden entablar relaciones mediante la red con personas poco recomendables (pederastas, prostitutas, personas que desean mantener conversaciones obscenas…).

Sin olvidar la pérdida de tiempo que supone. ¿Qué opina de todo esto?

- En primer lugar, me gustaría hacer una precisión: el bien y el mal no son algo específico de Internet. La red no es el único medio para hacer el bienniel único medio para hacer el mal. Esos peligros que me acaba de citar, junto con otros muchos, no son exclusivos de internet: en la actualidad existen desgraciadamente muchos otros medios de comunicación que producen efectos similares.

Por ejemplo, es muy pernicioso que los adolescentes tengan un televisor en su dormitorio y que puedan encenderlo a cualquier hora del día o de la noche. Por no hablar de las líneas eróticas o de los clips pornográficos que se transmiten mediante los teléfonos móviles en los entornos escolares.

Lo realmente novedoso del fenómeno Internet es la posibilidad de hacer llegar el bien a muchos, sin movilizar a muchas personas y sin grandes recursos económicos.

- Pero también es posible hacer ese bien a través del cine, la prensa o la televisión…

- Sí; pero resulta mucho más difícil: para hacerlo se necesitaríauna editorial, una emisora de televisión o una productora de cine propia; o al menos, la posibilidad de poder actuar libremente en esos campos… Esto no resulta fácil por muchas razones. Además, exige una preparación profesional específica.


Sin embargo, mediante Internet, invirtiendo poco tiempo y poco dinero, se pueden comunicar contenidos positivos a muchas personas.

 

- ¿Es un fenómeno con más luces que sombras, o al revés?

- En términos generales Internet es un bien, como son un bien la imprenta, el teléfono y la televisión; es un avance tecnológico que admite un uso bueno y un uso malo; un uso experto y un uso inexperto. Se puede afirmar que -exceptuando el caso de los niños- en Internet sólo suelen quemarse los que se quieren quemar o, al menos, aquellos a los que les gusta jugar con fuego.

El problema que plantea el uso de la red es, fundamentalmente, un problema de educación moral y de firmeza de convicciones en el usuario.

Es algo muy propio de nuestra época, en la que se realizan muchos progresos que no siempre vienen acompañados por la sabiduría y la prudencia necesarias: son como naves cada vez más rápidas que necesitan pilotos que las conduzcan a buen puerto. Cuando esos avances se gobiernan adecuadamente, pueden generar un bien para toda la sociedad. En caso contrario, pueden acabar contribuyendo a su corrupción y empobrecimiento.

 

- Muchos padres de familia, maestros y catequistas no saben enseñar a usar rectamente Internet porque, por diversas razones, como la edad, la falta de formación, etc., desconocen su realidad y funcionamiento en la práctica.

¿Se puede decir que les falta la formación necesaria para el buen uso de Internet?

-Sí; y no sólo de Internet, sino del conjunto de los medios de comunicación. Esa formación específica es decisiva para la formación moral y cristiana que los niños y jóvenes requieren en la actualidad.

La cuestión ética de Internet, como usted señala, es una cuestión de recto uso. El reto para los padres, maestros y catequistas consiste en proporcionar a los niños y jóvenes la formación y las virtudes personales que necesitan para usar Internet rectamente. Y cuando empleo el verbo usar me refiero tanto al que “cuelga” contenidos en la red como al que los consulta o recibe.

 

- Para muchos padres esta cuestión resulta especialmente difícil de resolver porque, como le decía antes, tienen en la propia casa a hijos de diversas edades, adultos, jóvenes y niños, que usan Internet en el trabajo, en la escuela, en el hogar…¿Qué les aconsejaría?

- Que diferenciaran cada situación, cada persona. A los hijos adultos resulta muy difícil impedirles que hagan el mal cuando están dispuestos a hacerlo. Y con frecuencia, cuantas más dificultades se les ponen, mayor es el precio que se acaba pagando en términos de confianza y falta de libertad. Los efectos suelen ser contraproducentes. Su situación es muy diversa a la de los jóvenes, los adolescentes, y por supuesto, los niños.

Por eso hay que valorar las circunstancias personales de cada uno, como la edad; y los diversos ámbitos –el trabajo, la escuela, la familia, la diversión- en los que se mueve cada hijo. Los padres necesitarán grandes dosis de templanza, sentido común y sentido sobrenatural, prudencia, y atención a cada persona en su totalidad.

 

- ¿Cuáles pueden ser las “llamadas de alerta”, cuando se enciende la “luz roja” para los padres en este campo?

- Se activa la alarma, se enciende la “luz roja” cuando un hijo hace un uso excesivo, casi obsesivo, del ordenador, que debe ser un aparato más dentro de la casa.

Dedicarle un tiempo excesivo, una concentración y focalización exagerada, resulta nocivo tanto desde el punto de vista humano como del punto de vista ético y suele acabar aislando a esa persona de los demás.

 

- Hay países, como Japón, en los que se da a gran escala el fenómeno de adolescentes que dejan de salir con sus amigos, de leer y de hacer deporte para encerrarse en su cuarto, solos, frente a la pantalla del ordenador…

- Ésa es precisamente la actitud que conviene educar, siguiendo este principio: hacer un buen uso de Internet supone usarlo siempre para un fin bien determinado. Se debe entrar a la red para buscar algo concreto, algo que se sabe cómo y dónde encontrar.

Lo que no resulta razonable es “engancharse” a la red sólo “para pasar el rato”; “para ver que hay de nuevo”; navegando de aquí para allá sin rumbo fijo. Una persona bien formada debería ser intransigente consigo mismo en este punto.

 

- ¿Y en el caso de los niños y los videojuegos?

- También en este caso –sin olvidar que los niños necesitan estar con sus amigos, leer y hacer deporte- el videojuego no puede ser un simple campo de evasión para los niños, un juego de duración ilimitada. Los padres deben ayudarles a jugar dentro de un horario, con una finalidad, utilizando un videojuego determinado y bien conocido por ellos.

Sería imprudente dejarles que usaran cualquier videojuego prestado por un amigo cuyo contenido se desconoce.

- ¿Qué valoraciones de carácter moral se pueden hacer en este campo?

- La experiencia demuestra que entrar en la red sólo “para curiosear”, sin una finalidad precisa y justa, tiene algo de éticamente negativo, porque se llega con facilidada males más graves.

Ante las páginas webs, los correos, la publicidad, los chats, etc., que puedan inducir a cometer pecados contra la fe, la caridad, la justicia o la castidad, se debe observar el mismo comportamiento que se observa cuando esos contenidos aparecen en otros ámbitos de la vida: en conversaciones, mientras se lee un libro, se ojea la prensa o se vela televisión. Se han de aplicar los principios morales de las llamadas “ocasiones de pecado”.

Estos principios se podrían resumir así: existe el grave deber moral de evitar las ocasiones próximas de pecado, libres y graves. Y además, se deben poner los medios necesarios para convertir en remotas las ocasiones de pecado que sean necesarias.

Ese carácter próximo o remoto, lo mismo que la gravedad de las ocasiones, puede tomarse en un sentido absoluto o relativo, porque una situación puede constituir una ocasión grave y próxima para la mayoría de las personas; o puede ser una ocasión grave y próxima sólo para una persona determinada, o para unas personas en particular, mientras que para el resto no lo es.

En mi opinión, sin querer minimizar la complejidad del problema moral, sería reduc­tivo considerar Internet, de forma genérica y global, como una ocasión de pecado. La experiencia no lleva a esta conclusión negativa. Existen muchas personas que usan Internet habitualmente sin mayores problemas, y otras muchas que hacen el bien a través de la red.

La mayoría de los que encuentran problemas morales en la red suelen ser personas que probablemente, de no existir Internet, encontrarían problemas parecidos en otros campos.

- Pero no siempre es así…

- Se dan casos de personas de actitud general recta que cometen ciertos errores morales por haberse encontrado por casualidad en la red con una página web moralmente negativa. Pero no son, ni mucho menos, la mayoría.

Segunda parte de la entrevista: los filtros