Prisioneros de la soledad

 

 

Hoy es común escuchar en los más diversos escenarios que la masturbación es muy saludable, sobre todo para los adolescentes. Algo muy propio de una época que predica las vueltas egocéntricas sobre el propio yo. Si bien el tema exige ser tratado con la máxima comprensión posible, no puede olvidarse que la persona está llamada a salir de sí misma para alcanzar metas altas.

Josefina Lecaros S.

María Ester Roblero C.

Aunque la masturbación no es un tema sólo masculino y adolescente, en este artículo nos mantendremos en ese contexto. Lo abordaremos desde la experiencia clínica de psicólogos que trabajan hace varias décadas con adolescentes varones y resumiremos la llamada “Teología del cuerpo” de Juan Pablo II.

El tema exige partir por el principio: todos los padres del mundo quieren que sus hijos se desarrollen plenamente. Lo mismo, dicho en palabras de los terapeutas norteamericanos Dan Kindlon y Michael Thompson: “a todos los padres del mundo les importa ayudar a sus hijos a recorrer un camino hacia la adultez emocional sana”.

Ambos identifican dos obstáculos importantes que aparecen en el camino desde la adolescencia hacia la adultez:

-El aislamiento: Puede deberse a inseguridad física o social, problemas familiares o escolares que le hacen bajar sus notas y sentirse inferior intelectualmente frente al resto, o a burlas y críticas de sus pares. El joven se aísla porque lo evaden o porque él mismo huye.

-El desconocimiento de sus propias emociones: Esto se traduce en que “no sabe lo que le pasa” porque desconoce que existen emociones (ira, tristeza, nostalgia, soledad, celos…) y por eso tampoco sabe cómo expresarlas. De ahí que muchas veces reaccione en forma agresiva o buscando otras vías de escape.

 

Prisionero en el fuerte de su soledad

Si bien la masturbación rara vez aparece como una “patología” y por lo mismo forma parte de la biografía de individuos sanos, estáligada a la incapacidad para enfrentar esta tendencia al aislamiento en el varón, y a la incapacidad de reconocer y expresar sus emociones. Más aún, aparece ligada a la incapacidad de salir del encierro. Y lo deja “prisionero en el fuerte de su soledad”, grafican Kindlon y Thompson. Transcriben el caso de un adolescente de 13 años bajo el título “Escondiéndose del dolor y del crecimiento emocional”:

“Me refugiaba en el altillo, tenía malas notas, era malo para el deporte y me escondía para evitar los constantes retos de mi padre que me hacía sentir culpable por no rendir más…” “Encontró en la masturbación, señalan los terapeutas, una forma de consuelo emocional… Pero después de un tiempo, no mucho más, pensaba de sí mismo que daba lástima, allí, solo, actuando frente a unas revistas…”

El mundo interior de los hijos

Para que los padres puedan ayudar a sus hijos a no encerrarse en sí mismos e incomunicarse en su propio tumulto de sensaciones, deben saber en qué consiste la adolescencia. Pues mientras se les hacen evidentes los signos externos de la pubertad, podrían ignorar todo el mundo interior de expectativas, temores, esperanzas y conflictos emocionales que los acompañan.

La adolescencia es una etapa de:

- Dolor de crecimiento, sobre todo porque el joven se ve presionado a desarrollar habilidades para sobrevivir en un mundo que parece aplastarlo.

- Extrema vulnerabilidad interior ante la fuerza del exterior.

- Separación del padre. Los terapeutas constatan que en esta etapa, cuando más se necesita de la cercanía física y psíquica con el padre-varón, se vive una profunda brecha. Esto porque el padre, en esta etapa, asume una actitud de “control, crítica y competencia”, en vez de “apoyo, estímulo y compañía”.

- Fuerte irrupción del impulso sexual. A esta edad la sexualidad domina el humor y la conversación de los adolescentes. Pero es fuente de tensión física y emocional y los perturba profundamente.

 

El silencio culpable

A los papás les cuesta hablar de este tema con sus hijos. Pero el silencio muchas veces equivale a “dejarlos solos” en una etapa clave, llena de ilusiones, pero también de angustias y temores.

Es necesario recordar que durante la adolescencia y juventud:

-El impulso sexual es muy fuerte, pues en los hombres hay altos índices de testosterona, también llamada hormona masculina y necesaria para que el cuerpo de niño pase a ser adulto. Ésta se libera naturalmente a través de la polución nocturna, fenómeno natural, normal y esperable en esta etapa del desarrollo.

-Lo natural es sentir, y por ello hay que distinguir entre la reacción a un impulso sexual espontáneo. Y al de la masturbación que implica un acto conciente.

Cercanía padre - hijo

Conociendo al hijo, las características de su edad y las consecuencias de la masturbación, es necesario conversar con él.

La cercanía del padre con su hijo le permite “adelantarse” al tema, hablándole de los procesos internos y externos que comenzará a vivir durante la adolescencia.

Es importante asegurarle que no hay por qué extrañarse de las sensaciones que son propias de la edad; pero es también propio de su edad ejercitarse en el dominio de sí mismo.

Animarlo a reforzar su voluntad haciéndola trabajar en otros campos. Y mostrarle cómo el dominio de sí lo entrena en la aventura de seguir ideales altos.

En directa relación con su sexualidad, el padre y también la madre debenmostrarle el horizonte del amor verdadero, pero de manera atractiva. Un gran amor también incluye el gozo sexual, por eso mismo la capacidad de gozar no debeser empobrecida al confundirla con genitalidad.

La capacidad de gozar auténticamente también se puede enriquecer: ello se consigue teniendo experiencias de gozo que nutren el espíritu. La música, el arte, el cine, la literatura, el servicioa los demás...

Con respecto al tema mismo de la masturbación, no hay que dramatizar, ni amenazar al hijo o asustarlo. Las obsesiones y los escrúpulos infundados son actitudes muy negativas. Es mejor enseñarle a elegir lecturas y películas y a evitar la hiperestimulación sexual, o la floja ociosidad que debilita el carácter.

En esta materia es necesario insistir más sobre el aspecto positivo de la alegría de elevarse, de vencer, que sobre el aspecto negativo de la falta moral.

Finalmente, junto a las palabras es necesaria la cercanía padre hijo para mostrar, con hechos, el camino.

Tener relaciones estrechas con los hijos, para apoyarlos y protegerlos de todo aquello que puede llevarlos a aislarse o a perturbarlos.

Estar alerta para notar cuando los hijos están siendo víctimas de emociones turbulentas o reprimidas.

Tener claro que la culpabilidad, cuando no es canalizada hacia propósitos de superación, también debilita la voluntad pues lleva a abandonar esperanzas de cambio.

Ofrecer un modelo masculino que le muestre una vida emocionalmente rica: un padre que ve pornografía, que habla en forma grosera de las mujeres, que tiene amigotes de borrachera con los que cae en espectáculos de falsa ternura… no es buen modelo.

Ayudarles a pasar de la simplicidad del sexo a la complejidad de una relación de pareja. Trascender desde la necesidad de satisfacer el deseo sin más, a llegar a la gratificación de una relación íntima y profunda.

La “Teología del cuerpo”

La Iglesia Católica es frecuentemente acusada de mantener una actitud represora con respecto a este tema y de abrumar las conciencias de los adolescentes.

Pero no es posible entender la doctrina cristiana sin conocerla. Al respecto,Juan Pablo II, en su vasta catequesis, dedicó23 alocuciones, entre el 5 de abril de 1979 y el 6 de mayo de 1981, a desarrollar lo que conocemos como su “Teología del Cuerpo”.

- En estas alocuciones el Papa explica la ética, el actuar moral, no como mero sometimiento a una norma, sino como radicación en el bien. La moralidad, en consecuencia, no está en el puro acto exterior sino en el corazón, y está en el acto exterior en cuanto éste es expresión de la actitud del corazón.

- Señala que el hombre no es un ser que tiene un cuerpo del que se sirve, sino que el hombre es un ser corporal que se expresa en el cuerpo porque el cuerpo lo constituye.

- En relación con la corporalidad se pueden tener dos actitudes éticas: una actitud de apertura al otro, donde el amor es entendido como un don de sí; o una actitud marcada por la vuelta egocéntrica sobre el propio yo, por el ansia de apropiación y de autosatisfacción.

- Esta teología del cuerpo también reconoce que existe una tensión entre ambas tendencias que viven naturalmente en el interior del hombre. La primera actitud, lleva a la realización del sentido “esponsal” del cuerpo, pero implica vencer el egoísmo para alcanzar la libertad que permite darse; la segunda actitud lleva a un encierro en sí mismo y a una subjetividad empobrecida.

- Si bien una visión escéptica podría asegurar que el ansia del propio yo lleva las de ganar, Juan Pablo II aclara: el cuerpo humano, en su originaria masculinidad y feminidad, no sólo es fuente de fecundidad sino que “desde el principio” posee un carácter esponsal, y por eso es capaz de verificar el profundo sentido de su existencia: ser para otro y ser en otro.

- El significado esponsal del cuerpo está unido a la libertad. La persona-hombre y mujer- sólo puede convertirse en don si goza de autodominio. Por ello el matrimonio debe ser entendido como la reciprocidad de la donación, el equilibrio en el don, equilibrio que permite y sostiene la comunión.

- El “pudor” aparece en esta teología como un valor con doble significado. Por un lado alerta, advierte, la amenaza a un valor, y por otro protege interiormente ese valor. Juan Pablo II se encarga constantemente de diferenciar esta teología cristiana, que valora positivamente el cuerpo, del maniqueísmo que considera la materia mala en sí misma.

- La pureza, muy unida al pudor, es ante todo, la expresión de un valor: el valor del amor y más específicamente, el valor que implican el reconocimiento del significado esponsal del cuerpo como apertura a la donación y la donación efectiva que el amor realiza. El dominio de la pasión egocéntrica son el eco de ese valor.

- Este sentido “esponsal” del cuerpo -que permite al hombre y a la mujer donarse mutuamente y trasformarse en una sola carne- no se refiere exclusivamente al momento de la unión sexual entre el varón y la mujer, sino que abarca el amplio contexto de sus relaciones conyugales. ¡Cuántos sufrimientos se evitarían si las parejas entendieran que la entrega de sus cuerpos trasciende el acto sexual!

- La “teología de cuerpo” reconoce las enormes dificultades con que se encuentra el “hombre histórico” para expresar así el amor. Pero el Papa insiste en aclarar que lo que está en juego no es la contraposición entre desprecio o aprecio al cuerpo, sino entre aceptación o rechazo del auténtico significado de la corporalidad y en consecuencia, entre aceptación o rechazo de la verdad de la persona que se expresa y manifiesta en el cuerpo.

-Esta “teología del cuerpo” no es el efecto de una mentalidad puritana ni de un estrecho moralismo. Se trata de una importantísima y fundamental esfera de valores, frente a los que el hombre no puede quedar indiferente.

 

Consecuencias de la masturbación

 

- La masturbación aísla y encierra a quien la realiza, empobrece el instinto sexual al separarlo del amor.

- El amor a sí mismo implica necesariamente reconocerse como un ser capaz de salir de sí mismo. Quien considera la autosatisfacción como vía de autoestima, se equivoca.

- Los terapeutas citados en este artículo señalan que la masturbación puede crear hábitos de vagabundo sexual, que da poco y pide poco: de explotadores sexuales, parejas crueles y sin consideración al otro.

- La masturbación puede llegar a ser un sustituto emocional,una manera errónea de tratar la soledad, inseguridad, depresión o frustración.

 


De hacerfamilia.net

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